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martes, 3 de marzo de 2015

Seguimos hoy con la Biblioteca de Conecta con la Historia y, tras la primera recomendación que podéis ver aquí, en la que nuestro compañero Juanjo nos invitaba a un viaje por el panorama geopolítico del siglo X, le toca el turno en este peculiar rincón de nuestra web a un autor de sobra conocido por todos nosotros, Mario Vargas Llosa, quien centrará su novela en una época y con unos personajes quizá no tan distinguidos por el gran público. Con el análisis de este libro aprovecharemos, como no podía ser de otro modo, para explicar y dar a conocer la historia de un tipejo muy particular.


Portada de La Fiesta del Chivo

El tipo que podéis observar en la portada del libro representa a Rafael Leónidas Trujillo. Puede que el nombre no os diga nada, pero es considerado uno de los mayores tiranos que han ejercido el poder en Latinoamérica, concretamente en República Dominicana. Para quien no lo sepa, República Dominicana es ese país colapsado por europeos turistas en busca de sus playas paradisíacas y atardeceres mágicos mientras se omite su subsistencia como uno de los principales centro redistribuidores de las drogas procedentes de México y Colombia.

Pero vayamos a la esencia del tema: Trujillo subió al poder en 1930, siendo Jefe de Estado Mayor y traicionando al por entonces presidente Horacio Vázquez, a través de un golpe de estado apoyado por la terrible violencia protagonizada por su banda paramilitar, La 42.

Rafael Leónidas Trujillo

Desde ese año, y hasta 1960, dirigiría despóticamente el país, en uno de los regímenes más autoritarios, represivos y violentos que se recuerdan en la Latinoamérica del siglo XX. Lo cierto es que su vida y forma de ser es digna de ser psicoanalizada: carismático y autoritario a más no poder, al mismo tiempo era poseedor de una compleja y difícil personalidad. Muy receloso de su salud e higiene, se mostraba siempre perfumado y aseado en exceso, y era muy, muy fetichista -llegaría a poseer varios de los coches más caros de la época y más de 10.000 corbatas-. 

Para tener una breve idea del régimen trujillista, vamos a indicar algunas de sus características, las cuales no son sino las típicas de las dictaduras de corte fascista: 

a) Una apuesta clara por el intervencionismo estatal en la economía, siendo buena parte de las empresas encargadas de la economía dominicana propiedad de Trujillo, por lo que los beneficios de estas iban a parar a él y su familia. 


b) Un desmesurado culto a la personalidad del dictador. Las ciudades fueron saturadas de estatuas del dictador. El propio Trujillo recibió numerosos sobrenombres: Benefactor de la Patria, Padre de la Patria Nueva, Generalísimo (¿os suena este último?), entre otros. Asimismo, muchos edificios públicos fueron bautizados con el nombre de Trujillo. El colmo de este egocentrismo, incluso megalomanía, sería el bautizo de la capital, Santo Domingo, por Ciudad Trujillo.

c) Un nulo respeto por la legalidad y las normas democráticas. Se vivió un clima de represión protagonizada, primero, por La 42, y más adelante por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), autores de múltiples secuestros, asesinatos y violaciones. 

Trujillo, en su visita a España en 1954, con Franco.

Como no podía ser de otro modo, será Trujillo el eje centralizador de la novela. Digo eje centralizador y no protagonista porque aunque Trujillo no aparecerá en todos los capítulos, su sombra, ya sea a través de las reacciones de la gente hacia su persona o simplemente por la descripción de una Ciudad Trujillo mísera y destrozada por la acción del régimen de Trujillo, será alargada y se encontrará siempre en el subconsciente de la lectura. 

Y es que la novela contará con dos épocas bien diferenciadas, las cuales se intercalarán a lo largo de los 24 capítulos que la componen: la República Dominicana en el momento anterior a la caída de Trujillo, con especial énfasis en la operación que desmantelaría todo el aparato dictatorial, exponiéndose el plan de los rebeldes y la intervención de los agentes externos al plan; y la República Dominicana inmediatamente posterior a la caída del Chivo, donde prima ya la democracia.

La verdadera protagonista de la obra será Urania Cabral, una mujer dominicana recién llegada de Estados Unidos, bien posicionada allí, y que se verá obligada a regresar para saldar algunas cuentas con su pasado. A través de sus ojos podremos ver una sociedad que intenta despegar y abrirse al mundo tras una etapa decaída y sumida en el más profundo de los machismos y de la corrupción, tanto a nivel estatal como particular. Urania, en cuanto sexo femenino, se contrapondrá con Trujillo, que se caracterizó por ser un depredador de mujeres jóvenes, a las que usaba, cual piedra filosofal, para “mantenerse joven” y acentuar su hombría, aun cuando ya era anciano. 

Además de depredador sexual, Trujillo fue un ser violento, sin dejar de hacer todo lo que fuera necesario para conseguir lo que se propusiera. Un ejemplo de sus métodos violentos lo encontramos en la Masacre del Perejil (1937), genocidio que pasaría a los rincones más oscuros de la Historia.

La Masacre de Perejil fue consecuencia de la orden dada por Trujillo de acabar con la población haitiana de República Dominicana excusándose, entre otras razones, en que los haitianos les arrebataban a los dominicanos el trabajo en el campo y que no contribuían al porvenir del régimen. Aun hoy en día se desconocen la cifra de fallecidos, si bien la mayor parte de fuentes consideran que se alcanzó la decena de millar en sólo cinco días. Una matanza que, por si fuera poco, fue realizada mediante armas blancas y no de fuego, todo ello con el fin de evitar que se relacionara el baño de sangre con las fuerzas armadas y, por ende, con Trujillo y que, sin duda, plasmaba un significado de la violencia que iba más allá de la propia muerte, pues los cuerpos de los haitianos eran destrozados y mutilados.

Como dice el dicho, la violencia sólo engendra violencia, y en el 1961 Trujillo moriría acribillado en su coche por un grupo de opositores apoyados por la CIA. Y, a modo de anécdota, ¿a qué no sabéis donde está enterrado hoy en día su cadáver? ¡Exacto, en España! En concreto, se encuentra en el cementerio de El Pardo, en Madrid. Como diría Fraga, Spain is different.

Coche de Trujillo tras su asesinato, apreciándose en la parte lateral algunos orificios de bala. 

En definitiva, todo este aura de violencia, represión y excesos es trasladada de forma magistral a la Fiesta del Chivo, que, contiene algunos de los capítulos más sobrecogedores y aterradores que un servidor ha leído, en los que el lector es capaz de observar la capacidad –en el peor sentido de la palabra– del género humano para cometer todo tipo de atrocidades sin preguntarse realmente ni comprender por qué lo está haciendo, dedicándose simplemente a obedecer y callar.

Pero no nos engañemos: no estamos ante un libro de Historia. Estamos ante una novela ambientada en un periodo histórico concreto pero, ante todo, estamos ante una obra realista, que nos muestra la sociedad dominicana de la época sin rodeos. Simple pero a la vez de forma magistral, Vargas Llosa combina hechos -y personajes- históricos con ficticios, lo cual no quita mérito alguno a ese realismo al que se ha hecho referencia, ni debe suponer, ni mucho menos, desprecio alguno hacia la obra por parte de los que amamos la Historia.

En definitiva, nos encontramos con una obra fascinante y perturbadora que nos relata un episodio de la historia quizás poco conocido, con un ritmo notablemente compasado que provoca la atracción del lector y lo llevará, y hablo por experiencia propia, a devorar el libro en unos pocos días, provocándole además una de las máximas que cualquier autor pretende en su público: despertarle las ansías de conocimiento sobre un tema dado.

[1]Existe una adaptación cinematográfica reciente, del 2006, que se puede ver íntegra en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=6RJ1QIWaqMA
[2]Si quieres saber más de este tema, pincha aquí para descargarte un práctico documento del Archivo General de la Nación de República Dominicana.
[3]Puedes consultar el libro aquí:


Samuel Pérez Miras



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