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miércoles, 25 de marzo de 2015




Esta, aparentemente, simple pregunta nos lleva a cuestionarnos, ¿es el conflicto algo innato a la naturaleza del ser humano?, ¿forma parte de un proceso de autorregulación demográfico natural o inducido?, ¿es producto de factores externos a nosotros mismos? o, ¿es un castigo divino que denota nuestra imperfección?


Entender lo que significa este conflicto te ayudará a comprender:


  • La realidad que hay detrás del marketing de guerra que te venden los gobiernos y telediarios.
  • La naturaleza del ser humano y nuestro determinismo o no hacia el conflicto a gran escala.
  • Qué significa realmente la guerra.


En primer lugar, ¿qué es la guerra? Esta podría definirse como un combate armado entre grupos humanos que constituyen agrupamientos territoriales o comunidades políticas diferentes (Otterbein, 1973).


Es innegable que la guerra ha acompañado al ser humano casi desde el principio de los tiempos y que, como todo lo humano, es complejo indagar en los factores primarios que pueden dar lugar a ello. En este artículo voy a intentar mostrarte sus orígenes y explicarte cuales pueden ser los factores claves que llevan a ello. Para esto, voy a utilizar varias obras del antropólogo Marvin Harris, un autor que considero imprescindible para entender a nuestra especie.


Se tiende a pensar que en el periodo Paleolítico las guerras no eran frecuentes o que incluso prácticamente no existían debido a que los individuos se agrupaban en pequeñas bandas nómadas que, salvo en momentos puntuales, no luchaban con otros de su misma especie. Veremos que la resolución de los conflictos mediante la guerra se dio tanto en sociedades organizadas en bandas como en aldeas. William Divale (1973) ha estudiado hasta 37 culturas de cazadores y recolectores en los que la huella de la guerra es indudable. La X a resolver en esta ecuación es por qué.


Es cierto que durante el Paleolítico existen razones para pensar que la guerra fue menos frecuente que en el Neolítico en el cual los agricultores, establecidos en aldeas, eran mucho más propensos al combate.


Lógicamente los aldeanos tenían mucho más que perder en una batalla: las casas de las aldeas, las herramientas de construcción y elaboración de alimentos, cultivos, animales domésticos, bosques y tierras de labranza, inversiones todas ellas que llevaban un gran trabajo en forma de tiempo y esfuerzo y cuya defensa inevitablemente supuso una fuerte vinculación con el territorio.


La territorialidad se establece, desde el punto de vista arqueológico, desde el momento en el que se hallan enterramientos con aldeanos fallecidos bajo las propias casas. Por lo tanto, se trata de la defensa de elementos muy importantes y costosos.


Realmente la evidencia arqueológica más antigua y evidente que conservamos se encuentra en el Jericó neolítico donde se pueden apreciar restos de murallas, torres y fosos defensivos.


¿CUÁLES SON LAS CAUSAS DE LA GUERRA?

La agresión es tratada por cada cultura de diferente manera. La guerra es sólo una forma más, organizada, en que las culturas tratan sus diferencias o relaciones igual que ocurre con otras manifestaciones culturales como el comercio, el reparto del trabajo o la organización doméstica, pero, ¿cuáles son las causas que llevan a una sociedad a enfrentarse a otra?


Jericó neolítica


  • Los orígenes suelen estar en problemas relacionados con la producción y la reproducción, esto es, intentos de incrementar o preservar una serie de beneficios y niveles de vida adquiridos que son beneficiosos o que han permitido una cierta estabilidad a una sociedad.
  • Una banda o pequeña población puede declarar la guerra a otra por haber sufrido problemas de agotamiento de su propio medio ocasionado por una eficiencia negativa. Suele darse al sobreexplotar un medio de manera abusiva con la consecuente reducción de recursos, lo que obliga a estas pequeñas poblaciones a moverse en busca de nuevos lugares con suficientes recursos.
  • Antropológicamente, la guerra, en contextos preindustriales, es utilizada para frenar el crecimiento de la población y evitar así el agotamiento de los recursos. Los instrumentos más utilizados para ello son el fomento del infanticidio femenino y la falta de cuidados hacia las mujeres (con el objetivo de aumentar la tasa de nacimientos masculinos y, por tanto, de un mayor número de individuos para el combate). A esta conclusión se ha llegado gracias a estudios comparativos entre culturas, no obstante, es una teoría aún controvertida.
  • En definitiva, aunque la guerra es algo común en nuestra Historia, esta no está basada en los instintos sino en las condiciones materiales (escasez de alimentos, de territorio, de petróleo, etc)


Si bien es cierto que existen numerosas teorías sobre que el ser humano práctica la guerra por deporte y como divertimento, la mayoría no parecen ser demasiado convincentes.


"El sexo es un instinto irresistible; la guerra, no"
Marvin Harris


EN CONCLUSIÓN


Aunque los seres humanos pueden tener tendencias agresivas, no existe ninguna razón de por qué tales tendencias no pueden ser suprimidas, controladas, o expresadas de otras maneras que por el combate armado (Harris). Es sinceramente ilógico y estúpido pensar que se va a una batalla  -en la que te juegas la vida- de igual manera que vas a un partido de fútbol. Un individuo que se predispone para la lucha pasa, generalmente, por estados de mentalización para dominar el miedo (materializados en cantos y danzas rituales) e incluso ayudados muchas veces por sustancias psicotrópicas.


“Nuestra naturaleza biológica y trasfondo evolutivo puede ayudarnos a entender ciertos aspectos de la guerra. Como especie, incuestionablemente somos capaces de una agresión a escalas incomparables. Pero la capacidad para la violencia colectiva no explica a la existencia de la guerra. incluso aunque la agresión sea un rasgo universal, la guerra no lo es. Las sociedades guerreras luchan sólo ocasionalmente y muchas sociedades no conocen la guerra. Son las circunstancias de la vida social las que explican esta variación. Pero la imagen de la humanidad sedienta de sangre, e inevitablemente avanzando para matar, es un poderoso mito y un importante apoyo para el militarismo de nuestra sociedad. A pesar de su falta de credibilidad científica, todavía habrá cabezas duras “realistas” que continúen creyéndolo, felicitándose a sí mismos por el <<valor para enfrentarse a la verdad>>, totalmente ajenos al mito que hay detrás de su realidad.”


Ferguson: 1984:12






En otra ocasión trataremos las guerras en contextos industriales, pero estas reglas no se aplican en igualdad de términos ya que mientras que para una banda de cazadores recolectores se producían pocas bajas, entre 1 y 2 personas por conflicto, esto significaba un 10% de pérdida de varones en el grupo, lo que implica una cifra altísima si tenemos en cuenta que un grupo solía estar compuesto por unos 30 individuos. En cambio, en el periodo industrial, pese a lo que solemos pensar, la cifra de muertes en Europa y EEUU en batalla a lo largo del siglo XX no llega al 1% del total de la población.


Si te interesa profundizar más sobre aspectos relacionados con la guerra o con el ser humano no puedo más que recomendarte algunos libros que deberían de estar aconsejados desde secundaria. A mí me han ayudado mucho más a comprendernos:



Si tienes alguna recomendación más no dudes en compartirla en los comentarios.


2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. los religiosos son los primeros que no creen en Dios, por eso la Inquisición, por eso abusan de los inocentes, por eso engañan a los tontos y por eso compran a las gentes (Galileo Galilei)

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