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miércoles, 1 de abril de 2015


1 de abril de 2015. Un año del 1 de abril de 2014, día en que moría el medievalista Jacques le Goff. Con motivo de su aniversario y con el objetivo de honrar su memoria, en esta breve entrada, pretendemos presentarte a uno de los historiadores más influyentes del siglo XX. Y además, que aprendas que no toda la historia se hace igual; que no todos seguimos el mismo discurso, que los historiadores discutimos mucho y que lo único que tenemos fijo son las fechas. El resto es todo discutible. Si señores, vamos a hablar de Jacques y su modo de hacer historia.
Para los que no lo conozcan, ¿qué podemos destacar de este personaje?  Lo primero será su dedicación al estudio de la Edad Media. Este periodo tan condicionado por los prejuicios, tan llamativo (entre la leyenda y la realidad, entre Juego de Tronos y las Mil y una noches) será el objeto de estudio de nuestro  historiador. ¿Por qué se hizo medievalista Jacques Le Goff?  En muchas entrevistas responde a esta pregunta:
“La Edad Media me atraía porque pertenecía a los orígenes de nuestra civilización; a nuestro alrededor se veía su presencia, aunque sólo fuese a través de sus monumentos y, a la vez, ese periodo resulta muy exótico. Es decir, que representaba simultáneamente el atractivo de lo próximo y de lo remoto”
De su trabajo, contamos con un listado muy extenso, donde debemos destacar el carácter particular de hacer historia: desde las mentalidades. Sin embargo, su método de estudio ha sido discutido, y él siempre lo ha defendido como si de una cruzada se tratase -quizás deberíamos dejar de ver los debates historiográficos como “pelea de pedantes tomando el té”, y más bien como “campos de batalla” donde se consolidan las bases para hacer historia, al menos iríamos más animados-. 
En este ejemplo, destaca el debate de Jacques Le Goff con Geoffrey Lloyd, donde discuten sobre la posición del pensamiento en el hacer histórico y cómo este debe ser tratado.  Le Goff nos señalará (y de paso lanzará una estocada en la batalla entre letras y ciencias):
“No se puede tratar al mismo nivel, como él hace, la ciencia y la mentalidad. Las ciencias no son puramente racionales sino están parcialmente influidas por las mentalidades, las nociones científicas  no se oponen sino que están incluidas en estas, y esto es algo que deberían tener en cuenta los científicos y los historiadores de las ciencias”
Pero,  ¿qué es la historia de las mentalidades?

“Yo creo que la historia de las mentalidades se encuentra en la convergencia de diversas tendencias. La primera tendencia, simplemente para explicar su nacimiento, su éxito, es yo creo, […] un cierto cansancio frente a la historia económica, a una historia en la cual los hombres se hallaban más o menos ocultos, en la cual era más bien el juguete de los acontecimientos, que los actores.”
Por conclusión, tenemos una historia donde el protagonista serán los grupos humanos donde lo real, lo simbólico y lo ideológico; serán la clave para entender el proceso histórico que sufren, dejando de lado (no por ello eliminado) la economía como motor.
“Las mentalidades son uno de los elementos muy importantes de los que yo llamaría el paisaje histórico, y del análisis de dicho paisaje, pero no tiene para nada una connotación de casualidad”
A fin de cuentas, ¿qué es lo que podemos destacar de Le Goff y su aportación a la historia? Sin duda la gran lista de trabajos e investigaciones junto con su análisis daría para un millón de entradas. Pero uno de los aspectos que personalmente más me gustan, y quisiera compartir, es que, a la leyenda, le da la explicación real; que de la oscuridad, saca algo de luz; y aunque no duda en juzgar los aspectos negativos, no se deja engullir por “la civilización romana” y “el renacimiento”. 
La Edad Media mola.
“Aquellos que hablan de oscurantismo no han comprendido nada. Esa es una idea falsa, legado del Siglo de las Luces y de los románticos. La era moderna nació en el medioevo. El combate por la laicidad del siglo XIX contribuyó a legitimar la idea de que la Edad Media, profundamente religiosa, era oscurantista. La verdad es que la Edad Media fue una época de fe, apasionada por la búsqueda de la razón. A ella le debemos el Estado, la nación, la ciudad, la universidad, los derechos del individuo, la emancipación de la mujer, la conciencia, la organización de la guerra, el molino, la máquina, la brújula, la hora, el libro, el purgatorio, la confesión, el tenedor, las sábanas y hasta la Revolución Francesa.”
Como historiador, se moja. Más o menos de acuerdo, pero crea debate. Cuestiona a los libros de texto y los preceptos universales que un día nos enseñaron.  Quisiera compartir algunas declaraciones sobre dos aspectos que más me llamaron la atención: sobre la Iglesia (que siempre es “muy mala muy mala muy mala”) y la mujer:
- La Iglesia: Déjeme subrayar que Europa debe su cultura a la Iglesia. Sobre todo, a San Jerónimo, cuya traducción latina de la Biblia se impuso durante todo el medioevo, y a San Agustín, el más grande de los profesores de la época.” Será uno de los estudios que realice, el papel de la Iglesia en la Edad Media, defendiendo, más allá del prejuicio inherente en esta institución, su importancia en la formación de los reinos y su papel en las mentalidades. “No es necesario ser un ferviente creyente para hablar bien de la Iglesia. También soy un convencido partidario del laicismo: principio admirable, establecido por el mismo Jesús cuando dijo: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
-¿Emancipación de la mujer? “Hay que poner las cosas en perspectiva. Yo sostengo, sin embargo, que se trató de una época de promoción de la mujer. Un ejemplo bastaría: el culto a la Virgen María. ¿Qué es lo que el cristianismo medieval inventó, entre otras cosas? La Santísima Trinidad, que, como los Tres Mosqueteros, eran, en realidad, cuatro: Dios, Jesús, el Espíritu Santo y María, madre de Dios. Convengamos en que no se puede pedir mucho más a una religión que fue capaz de dar estatus divino a una mujer. Pero también está el matrimonio: en 1215, la Iglesia exigió el consentimiento de la mujer, así como el del hombre, para unirlos en matrimonio. El hombre medieval no era tan misógino como se pretende.”
Muchas de las cosas anteriores que hemos visto, quizás te “pasen por el arco del triunfo”. Sin embargo, no es el objetivo de esta entrada meternos a analizar cuanto es de materializable esto. Lo que no podemos dudar, es que ya hay un germen, una idea en un contexto determinado que aunque a nosotros nos pueda parecer poco, sin duda resultó ser un gran paso. Un paso que nos creó. Sin embargo, te animo a poner en el buscador “Jacques le Goff” y a que disfrutes de sus explicaciones, quizás te lleves una sorpresa…
Como esto hemos visto, que no todo está explicado, que no todo es tan negro, y que es necesario el desarrollo de ciertas cuestiones para no caer en los prejuicios. Para finalizar, y de acuerdo con la idea de la necesaria defensa de una educación cueste lo que cueste, acabar con las palabras que Jacques le Goff dejó en una entrevista; reflexionando sobre este tema y sobre el papel de los historiadores en esta dura batalla, quizás la más importante del ser humano.

“El historiador está condicionado por el presente, y le resulta difícil abordar la historia del presente. Pero queremos saber hacia dónde nos dirigimos. Sin pretender alcanzar la condición de profeta, que no puede reivindicar ningún historiador- creo profundamente en el papel del azar en la historia- pienso, en cambio que si se puede entender mejor el porvenir. […] Pues bien, el siglo XXI de un modo general, y en particular en Europa, si puede hacerse esta previsión, será un siglo de mestizaje. Lo cual será muy positivo, aunque no sucederá fácilmente, pues tendrá que hacer frente a la incomprensión, la xenofobia y la intolerancia hacia otras mentalidades. Los historiadores hemos de contribuir a un desarrollo, a la vez pacifico y benéfico, del mestizaje. Sin ser una especie de guía para los hombres, tenemos la responsabilidad de ayudar a los demás a entender la evolución histórica, y tratar de conocer de dónde venimos, qué es aquello que está cambiando, cómo y por qué las sociedades varían. Pero no debemos inquietar a la gente que nos lee. Informar y no angustiar es una doble obligación morar para mí.

Definitivamente, te echamos de menos Jacques.


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