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miércoles, 30 de septiembre de 2015

El mercado y exhibición de reliquias -especialmente las falsas- en la Edad Media era una actividad habitual que aún perdura en nuestros días. No hay más que dar una pequeña vuelta por la gran mayoría de ciudades con pasado medieval para descubrir que se siguen adorando múltiples elementos que son supuestos testigos de un pasado glorioso y que poseen misteriosos poderes que sirven de atracción para mucha gente.




Entre las reliquias cristianas se encuentran restos de todo tipo: desde huesos de profetas o del mismo Jesús, cabellos, hasta el mismísimo Santo Grial. Uno de los más interesantes y relativamente poco conocidos es el conocido como el Arca Santa de Oviedo, reliquia que hacía que incluso los peregrinos del camino de Santiago se desviasen de su meta para acercarse hasta la zona. La historia que esconde detrás es muy interesante. Un 14 de marzo de 1075, Alfonso VI, su corte y seis obispos -con motivo de la llegada del primero al lugar-, decidieron que era momento de dar a conocer al mundo una de las reliquias más importantes de la cristiandad que se mantenía “desde muy antiguo escondida en el interior de un arca que había permanecido oculta en aquel lugar durante mucho tiempo". Dicho lugar era  la iglesia de San Salvador y posiblemente se debiera al constante asedio de piratas que la zona tuvo que aguantar desde siglos atrás.



Por si fuera poco, poseemos incluso una copia del acta oficial que se realizó tras la apertura de la misma procedente del siglo XIII y donde se nos dice que el acta fue trasladada desde Toledo para evitar que cayese en manos musulmanas tras la derrota de la batalla de Guadalete. Tenemos constancia de ello también a través de otras fuentes como el manuscrito 99 de la biblioteca de Valenciennes (finales del siglo XI) o en el propio "Liber Testamentorum" escrito por Pelayo.


Pero vayamos a lo importante, ¿qué contiene el arca?. Según el acta oficial consta básicamente de huesos de profetas, restos de la santa cruz, de la sangre, del pan de la cena, de la piedra del sepulcro, de la tierra santa, de la túnica repartida en suertes, del sudario, vestidos y leche de la Virgen y otros restos de importantes personajes, desde San Pedro a María Magdalena, Es decir, casi nada, de hecho, las fuentes nos relatan como, tras la apertura en 1035, el obispo Ponce y algunos de los abades y clérigos que le acompañaban, quedaron totalmente ciegos debido al resplandor que surgió de su interior: “informado por algunos creyentes de las grandezas que allí se contenían, quiso comprobar lo que había oído. Intentando, pues, acompañado de algunos de sus abades y clérigos, abrir la cubierta del arca, fue tal la luz que salió de ella que, a causa del resplandor, sus ojos no pudieron ver lo que había dentro de las paredes del arca en que se contenían las preciadas prendas de los santos de Dios, y a punto estuvieron todos de caer por tierra debido a la magnitud del espanto. En cierto modo, pues, cegados por oculto designio de Dios, dejaron las cosas tal cual hasta entonces habían estado. Algunos, sin embargo, siguieron ciegos por todos los días de su vida”. Tal fue el terror, que incluso Alfonso VI, en 1075, tomó todo tipo de precauciones antes de su nueva apertura: se rodeó de todo un séquito (nobles, clérigos de Toledo, sus hijas Urraca y Elvira, el obispo Pelayo, condes, un notario, un herrero y hasta Rodrigo Díaz de Vivar, conocido el Cid). El acta nos relata que “mortificaron sus cuerpos aún más de lo que era costumbre en tiempos de cuaresma, asistieron a misa y a la hora tercia del día tercero de los idus de marzo se dirigieron hacia el arca entre cánticos de salmos. Allí empujando suavemente, al tiempo que de una y otra parte se lanzaban con los turíbulos bocanadas de oloroso incienso, se abre el Arca, en medio de gran temor, quedando patente lo que a Dios habían pedido, es decir, un tesoro inimaginable"

Como imaginarás, probablemente sean falsas pero no deja de ser curioso que poseamos diferentes fuentes que nos atestiguan que se trató un tesoro custodiado siglos antes de que el movimiento de reliquias se pusiera de moda a raíz de las Cruzadas y en cuya protección se invirtió un notable esfuerzo.



Por otra parte, en cuanto al arca en sí, sabemos que en tiempos apostólicos, según la tradición, se ubicaba en Jerusalén, pero tras la invasión de los persas en el 614 fue enviada por los cristianos de Palestina a Alejandría gracias a un presbítero llamado Filipo. Tras el avance persona por África, no tuvieron más remedio que mandarla a la Península Ibérica a través del puerto de Cartagena desde donde fue enviada a San Isidoro, obispo de Sevilla, que llevó el arca a Toledo al ser nombrado obispo de la ciudad. Bajo el riesgo de que fuera destruida por el empuje musulmán, fue ocultada en la cueva de Santo Toribio durante 80 años hasta que finalmente Alfonso II (760-842) mandó su definitivo traslado a Oviedo.


¿Y de qué estaba hecho un arca que contenía tales reliquias? te preguntarás, pues se trataba de un recipiente de cedro que posteriormente pasaría a convertirse en uno de roble al trasladarse a Toledo. Posteriormente y ya bajo Alfonso VI sufriría un recubrimiento de plata y la talla de diversos bajorrelieves que reproducen diversas escenas de la vida de Jesús. También aparece una inscripción en la que se nos señala todas las reliquias que hay en su interior y que fue realizada por mandato del propio Alfonso VI y su hermana Urraca.


Planta de la "Cámara Santa"
Planta de la Cámara Santa
Finalmente querrás saber donde puedes encontrar exactamente el arca. Según las fuentes, fue Alfonso II (791-842) el encargado de fundar la Cámara Santa como anexo a su palacio y guarda del arca. Sin embargo, si atendemos a la arqueología, esta nos dice que en realidad el edificio actual tuvo otras ocupaciones y fue levantado realmente en época de Alfonso III (866-910), invalidando por tanto la tradición cronística. Pese a todo siempre cabe la posibilidad, no explorada aún, de que el arca se encontrase en un edificio bajo los cimientos de la iglesia de San Miguel, ubicación actual del Arca Santa.


En cualquier caso, si pasas por Oviedo ya sabes, no olvides echar un vistazo al Arca Santa. Desconozco si tendrá poderes mágicos pero seguro que te alegra la vista.

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