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sábado, 27 de diciembre de 2014




Córdoba, año 929.
Ese es el espacio y tiempo al que este libro nos hará viajar. Dos mundos, dos jóvenes, Asbag y Abuamir, verán cruzar sus vidas y destinos en una peregrinación que concluirá al final del libro y en la que les acompañaremos a lo largo de una Edad Media que, al contrario del imaginario popular, tiene poco de bárbara y ruinosa.
El joven Asbag aben-Nabil, un monje mozárabe dedicado a copiar manuscritos y cuyo sueño, anhelo, es peregrinar a Santiago de Compostela para reencontrarse con su fe más profunda, aquella que le devuelva el sentido a una vida que parece repetirse día tras día. Abuamir, por el contrario, es un muchacho al que le gusta la buena vida, el buen vino, las buenas mujeres, pero a la vez un chico que tiene el profundo deseo de llegar a rozar el verdadero poder algún día. De ser alguien.
Nosotros, en este libro, acompañaremos a los dos jóvenes a lo largo de una trayectoria vital que nos llevará desde Córdoba a los reinos cristianos, desde Francia a Noruega, desde Bizancio a Sicilia e incluso a África. Un viaje que nos permitirá conocer un siglo fascinante donde el miedo al cambio del milenio y a la venida del Apocalipsis estará siempre presente, pero también el amor por el saber, por la cultura, por conocerse a uno mismo.
No os voy a engañar, se trata de un libro denso, fácil de leer -utiliza un lenguaje bastante llano- pero un poco inconstante en el ritmo que, sin embargo, termina haciendo que te enamores de sus personajes. No faltarán las intrigas y los amores, tan de moda hoy por libros como Juego de Tronos. Pero lo que realmente me ha gustado han sido las reflexiones de los propios protagonistas, como eres capaz de identificarte con ambos, siendo los dos tan diferentes y como sus reflexiones se acaban convirtiendo en las tuyas.
Lo mejor de la novela es que al final acabarás conociendo mucho mejor como fue todo el complicado contexto del siglo X, quienes eran algunos de sus protagonistas, como funcionaban numerosas instituciones -tanto cristianas como musulmanas y porque hicieron lo que hicieron en muchos de los casos.
Además de ello, las descripciones y acciones de los personajes, la rigurosa documentación del autor, nos hará parecer que estamos leyendo, en ocasiones, una crónica histórica en lugar de una novela.
Jesús Sánchez Adalid, un sacerdote en activo, no se posiciona de una manera patente en el libro, mostrándonos tanto los hechos positivos como los negativos de ambas religiones en un contexto en el que, recordemos, convivían las tres grandes religiones en al-Andalus.
Una última reflexión. Curiosamente cuando comencé a leer el libro estaba dándole vueltas al concepto de la peregrinación y de como está es la reminiscencia del conocido viaje del héroe, del que precisamente hablábamos en la entrada anterior. Al final, da igual la religión o los principios de cada uno, parece que el ser humano siente la necesidad, tal vez por propia naturaleza, de viajar. Pero no se trata de viajar de turismo como hacemos hoy en día, mercantilizándolo todo, sino de algo más profundo, algo que nos lleve a viajar a nuestro propio interior para encontrar respuestas que no aparecen buscando en Google. Un viaje que el propio autor realiza escribiendo el libro, que los musulmanes realizan yendo a la Meca o que los chamanes realizaban entrando a lo más profundo de la cueva en busca, quien sabe, de la Verdad.
- Asbag, querido amigo, deberías peregrinar- le dijo Fayic.

- ¿A La Meca? – respondió Asbag con sorna-. Ya me dirás qué hace un presbítero cristiano en La Meca. 

- No digo a La Meca; me refiero a algún otro lugar…; qué sé yo, Jerusalén, Roma… Adonde pueda ir un cristiano a encontrarse con las raíces de su fe. ¡Ah!, si supieras cómo se me remueve todo por dentro! ¡Es algo maravilloso! Es como ir en pos del sentido último de las cosas…

- Sí- interrumpió Asbag-. Pero cuando se regresa todo sigue igual que antes.

- Oh, no creo que sea así. Espero que mi vida continúe siendo como un sendero. Mientras caminaba hacia La Meca, vi con claridad que, en la trama del mundo, la vida del hombre es de todas formas una gran aventura, que supone un crecimiento hacia lo máximo del ser: una maduración, una unificación, pero al mismo tiempo paradas, crisis y disminuciones. 

- Te comprendo- asintió Asbag- Pero es tan difícil arrancarse…



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